La vida no es lo que nos ocurre, si no lo que hacemos con lo que nos ocurre y cómo permitimos que nos afecte.

Cada día estoy más convencida de que se debería incluir en las escuelas talleres obligatorios de orientación del manejo de nuestras emociones. Se conseguiría más éxito académico como resultado inmediato, y aplicado a lo largo de la vida, reduciría enfermedades, hospitalizaciones, depresiones y enfermedades psiquiátricas, fracasos familiares y de pareja,  ya que aprenderíamos a evitar la frustración, el miedo al fracaso, la incapacidad de adaptación a cambios…

El embarazo y parto (en cualquier circunstancia), ya sea deseado, sorpresa, en pareja, en solitario, inducido ( en caso de tratamientos de fertilidad, fecundación in vitro..), es un proceso natural, bonito y extraño, donde se juntan muchos cambios, y afectan no sólo al organismo, si no, y sobre todo, afecta a nuestras emocionesAsí cómo seamos capaces de gestionarlas, podemos condicionar su evolución y sobre todo, cómo nos afecte a nuestro equilibrio psicológico y emocional.

Desde hace 27 años, mis objetivos con los padres que llegan al hospital para parir a su pequeño, se vuelcan casi más en transmitirles seguridad, que acepten los errores que cometerán al atender a su hijo, y que serán de gran importancia para aprender a conocerle, que se armen de paciencia y sobre todo, que se guíen por ellos mismos….

Fui madre tras 10 años de trabajar como enfermera, muchos de ellos con recién nacidos (RN). Por lo que se suponía que yo tenía que controlar todos los aspectos de mi hijo.

La primera noche ya en casa, él comenzó a llorar y al no conseguir calmarle, terminé llorando yo también. Y por lo tanto, mi marido entró en pánico y aumentó aún más mi angustia.

Yo sabía toda la teoría del cuidado del RN, baño, alimentación, cuidado de piel, técnicas para expulsar gases…..(lo que se explica en las clases de preparación al parto y primeros cuidados del RN). Pero nadie me había advertido de la sensación de fracaso, los miedos que podrían surgirme al enfrentarme yo sola y fuera del amparo que tenía en los días de hospitalización tras el parto.

Desde entonces, y hace ya 27 años, mis objetivos con los padres que llegan al hospital para parir a su pequeño, se vuelcan casi más en transmitirles seguridad, que acepten los errores que cometerán al atender a su hijo, y que serán de gran importancia para aprender a conocerle, que se armen de paciencia y sobre todo, que se guíen por ellos mismo…

Los consejos de familiares, amigos, se agradecen, pero llegan a agobiar.

Las “abuelas” empiezan a aconsejar desde el primer momento del embarazo, y a veces, con grandes errores y diferencias de planteamientos con los que había cuando ellas pasaron por ese proceso.

Así que, viendo el embarazo y parto como una “tormenta de emociones” y cambios físicos, desde mi punto de vista, se evitarían o al menos se disminuiría en gran medida, el miedo al parto desconocido, al dolor, a si seremos capaces de parir, de cuidar al RN adecuadamente, al fracaso cuando no podemos consolar el llanto del bebé., Etc, si hubiéramos tenido una preparación y entrenamiento para control de nuestras emociones y posiblemente se reducirían el número de cesáreas, (ya que la madre tendría una actitud más proactiva durante el parto), y los partos prematuros.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *